Casarse con un holograma y todo lo que hay detrás
Confiésalo, nos piden los de Yorokobu, tú también has jugado a componer a tu pareja ideal juntando pedacitos de otras personas. Los ojos de Fulanito, las manos de Pentanita, la boca de Zutanito… y así hasta lograr el ser perfecto que nos llevará al olimpo de la felicidad. Tampoco es que seamos muy innovadores, porque eso ya lo imaginó Mary Shelly, por poner un ejemplo, mucho antes que nosotros. Vale, sí, en su novela la idea del doctor Frankenstein salió reguleras, pero es lo que tiene la literatura…
Como lo de juntar pedacitos de cadáveres suena demasiado a casquería, la artista catalana Alicia Framis ha preferido tirar de tecnología y crear un holograma tan a su medida que ha decidido casarse con él. Afirma Framis que su AILex, que así se llama el hologalán, «integra perfiles de conocidos, amigos y familiares» y «dispone de información sobre las personas y vivencias que han marcado la vida de su prometida», según recoge un artículo en El País.
La boda forma parte de una performance, claro está, que para eso la novia es artista. Pero, reconozcámoslo, la idea de crear a tu pareja como el que elige las piezas de un lego por catálogo y convertirlo en un ser que enciendes o apagas en función de lo que te pida el cuerpo es tentadora. Ponerle las virtudes que te facilitan la vida y una pizca de mala leche para darle también chispa a la convivencia, que los arrumacos están bien, pero pueden llegar a empalagar. Cualquier cosa antes que tratar de cambiar este mundo solitario, egoísta y gélido que se nos está quedando.

