Tiene cinco hijos, seis nietos, cinco bisnietos y un ejército de familiares que le ofrecen cariño a raudales. Es mi madre, la de mis hermanos; es abuela, bisabuela y ahí está, como una flor. Ella dice que no, que ya está bien, que para qué. Le decimos que para quererla y, sobre todo, para que vuelque su cariño en todos nosotros. A veces parece poquita cosa, mientras que en otras ocasiones es una gigantona dada la fuerza que aún mantiene.
¿Para cuánto da un siglo de vida? Según ella, para mucho, para demasiado, que hay cosas que ya no debería pasar, que pasó lo suficiente cuando niña, cuando joven, cuando la guerra y la posguerra. Y que en su largo camino se ha dejado a su marido, nuestro padre, y a un hijo, nuestro hermano, que no hay mayor dolor para una madre. Dice que Dios así lo quiere porque ella, mi madre, nuestra madre, abuela y bisabuela, tiene la fortuna de ser fervorosa creyente.
Cántabra de nacimiento, no sabemos si su pasión por el baloncesto es la que le da vida, lo que sí podemos afirmar es que fue la pionera del basket femenino en Cantabria, tal vez en España. De hecho, la Federación de Baloncesto le ha dirigido una felicitación que es para ella un orgullo y una satisfacción: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, CONCHITA! Hoy nuestro gran referente en el baloncesto cántabro cumple 100 (¡cien!) años. Sigue disfrurando de la vida y trasmitiendo tu felicidad a todo el mundo. Eres única.
Lo es, al menos para nosotros, es única y parece que tendremos madre para otros cien años porque está de cine. MAMÁ, ABUELA, BISABUELA, TE QUEREMOS.

