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Viernes, 01 Diciembre 2023 18:02

LAS OVEJAS DUERMEN EN FAMILIA - CAPÍTULO 22 "El afilador"

 El afilador

 

Era el primer día de verano de aquel año y cayó en sábado. Por lo tanto, a Jonathan le tocaba viajar en el coche conducido por su sobrino a Alcandora. Mientras me afilaba un par de utensilios, Jonathan Martínez, padre de cinco hijos, contaba su vida ambulante: los fines de semana, en coche; los días laborables, en el autobús a cualquier ciudad con su piedra de afilar a cuestas. Al principio, Jonathan acompañaba a su abuelo. El abuelo afilaba, él empujaba la rueda descomunal con una correa que se llamaba tarazana, una reliquia. “Así, de poco a poco, aprendí el oficio. Luego, la cosa se hizo menos pesada con la bicicleta”. Tras la bicicleta, la motillo y después, ahora, el coche. “La vida se moderniza y hay que modernizarse”. Si-do-re-mi-fa-sol-la-si-do-re-mi-fa…

Con el abuelo aprendió de todo: “Afilar, a vaciar, a manejar todas las herramientas, desde una chiquitita como puede ser un alicate de la uña, corta cutículas, como una máquina de cortar fiambres, corta céspedes, tijeras, espátulas, medias lunas, jamoneros, cuchillos, cebolleros, hasta los tenedores me los traen romos”. El trabajo tiene sus días, cuenta Jonathan, ya se sabe, cuando la vaca da leche, hasta por los cuernos, pero también hay días y sitios de hambre y ruina. Con ochenta y cien euros de jornal limpio se abre para casa, guarda el siflón, si-do-re-mi-fa-sol-la-si-do-re-mi- fa, y mañana será otro día.

Jonathan me asegura que lleva diecisiete años en el oficio: “Yo lo aprendí con el abuelo, mi padre se dedicó a la construcción, pero mis primos son afiladores, la tradición no se pierde ni se perderá, pasará a otras generaciones, si nos dejan. Por aquí, no; en el norte, porque yo viajo por todo el país, escuchan al afilador y se vuelcan”. Si-do-re-mi-fa-sol-la-si-do-re-mi-fa. “Me traen herramientas para afilar que hacía años que no veía. Debe ser que la cosa no está bien para nadie, para casi nadie, ahora yo creo que se aprovechan más las herramientas”. Para Jonathan, herramientas son cuchillos, tenedores, tijeras, todo lo que se pueda afilar. “Lo más raro que me han traído para afilar ha sido una dentadura postiza. Un ancianito, se le había caído un diente y se le había quedado el alambre, me dijo: por favor afilador, mira si con la piedrecita me come el alambre… ¡Pero, por Dios, si esto se va a romper y vale un dineral! Y se lo arregló y le regaló cincuenta euros, aquel día Jonathan Martínez se volvió antes a casa. Si-do-re-mi-fa-sol-la-si-do-re-mi-fa…

En Alcandora la gente sale de sus casas con herramientas en la mano, hacen cola, conversan, ingleses y españoles se entienden como si les hubieran afilado los idiomas, no se sabe. Sí, llevan en la cara el encuentro con aquellos chiquillos que un día salían corriendo al escuchar la música ya desde lejos… Si-do-re-mi-fa-sol- la-si-do-re-mi-fa.

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Ricardo Alba Santamaría